La última vez que fuí a la casa paterna, sin una conversación de por medio mi madre me lanzó la pregunta “¿te gusta vivir en el DF?” y sin pensarlo mucho le respondí que sí, que si bien llevo una vida muy limitada porque de lunes a viernes todo mi tiempo lo absorbe el trabajo, el resto del tiempo disfruto el lugar y me siento afortunada porque no confronto los problemas que muchos capitalinos viven en su cotidianidad.
Cuando llegué a vivir al DF estaba muy nerviosa y le pregunté a Víctor “¿es difícil la vida en el DF?” me respondió que no. No si se tiene trabajo.
Así de sencillo y mucho de cierto.
Después de que le respondí a mi mamá su pregunta, guardó silencio unos segundos mientras me observaba sonriente e inmediatamente me dijo “¡claro, ahí dejaste el ombligo!”.
Me dió risa su comentario y reímos las dos juntas.
Creo que tiene parte de razón.
Pero ese asunto del ombligo me ha hecho pensar, con el correr de los días, en los lugares donde dejamos el ombligo del corazón.
Yo no busqué regresar al lugar que me vió nacer, pero lo adopto con gusto y me gusta el reto.
Al final creo que el ombligo de mi corazón está diseminado en más de un lugar físico…
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Donde dejé el ombligo…
Publicado en Mudanzas, Personal el Octubre 7, 2008 por AleLa segunda búsqueda
Publicado en Mudanzas, Sociedad el Septiembre 21, 2008 por AleRentar el segundo departamento en el DF fue una experiencia hasta cierto punto frustrante.
Opciones para rentar siempre habrán muchas en diversos puntos de la ciudad, pero esas opciones se van reduciendo en la medida en que vamos parametrizando nuestra búsqueda.
Mi primer parámetro de búsqueda siempre fue pensando en un lugar cercano a alguna estación del metro, de preferencia que no tuviera que transbordar.
Leer los avisos clasificados es toda una delicia: con cuantas más flores adornen un anuncio, más habrá que desconfiar de la veracidad de lo que ofrecen.
La mayoría de los departamentos que se anuncian en el periódico los arrendan inmobiliarias, lo cuál hace que todo el proceso se complique considerablemente.
Como en muchos aspectos de la cotidianidad capitalina, este no se libra del factor desconfianza.
Mis cuatro maletas
Publicado en Mudanzas, Personal el Agosto 17, 2008 por AleEsto lo tengo en el abandono total, pero es momento de ponerse las pilas.
Hablando y pensando en las cuatro maletas, es inevitable pensar que 2007 casi lo pasé completo con mi ropa enmaletada, pensando que era el primer paso para la construcción de mi historia personal.
Y obviamente no viví enmaletada por pensar que era un primer paso, sino más bien porque el primer paso se alargó demasiado y pasaban los meses sin que me pudiera estabilizar económicamente, lo que me impedía rentar un lugar propio.
Lo que quería era construir mi historia personal a partir de las decisiones propias, esa que me había tardado muchos años en decidir a comenzar, esa de la que quería ser total y absolutamente responsable.
Esa que de pronto se me desmoronó en partes y que poco a poco fue tomando forma, quizá de una manera muy distinta, pero a fin de cuentas sigue siendo mi historia.
Creo que con cierta inconciencia decidí resumir mi mundo en esas cuatro maletas.
Habían anexos por aquí por allá, pero todo lo importante estaba ahí: lo que me cubre el cuerpo y lo que en cierto sentido me llena el alma.
Ropa, zapatos, libros y cuadernos.
Enero, comenzando la aventura…
Publicado en Mudanzas, Personal el Agosto 15, 2008 por AleEl día que salí de Xalapa había frío, fue el 1 de enero de 2008. Por poco y no viajo: cuando fuí a comprar el boleto era el último que quedaba para ese día. O viajaba a esa hora y en ese asiento, o no viajaba!
En el camino, pasando Perote, comenzó a nevar. No puedo negar que el viaje fue emocionante, expectante, como con mucha carga de energía.
Cuando llegué al DF no había tanto frío y llegando a casa me encontré a César y a Chucho que se iban a trabajar.
Me ayudaron a subir mis cuatro maletas y me quedé acomodando mis cosas (en la medida de lo posible, considerando que iba a compartir recámaras con los dueños de la casa y Jair).
Al día siguiente ví a CP, platicamos de las cosas del trabajo, me dió material para leer y me fui, para regresar el lunes.
El comienzo
Publicado en Mudanzas, Personal el Julio 1, 2008 por AleAlgún día de noviembre de 2007 mi actual jefe, amigo de muchos años atrás y a veces confidente, me abordó en messenger y lanzó la frase “a tí te andaba buscando”. Cosa que me sorprendió porque si no era para chismear un rato no encontré nada en la memoria para lo cuál quisiera CP hablar conmigo.
Unicamente atiné a responder con un “para qué soy buena?”.
Ahí comenzó todo.
Me hizo la propuesta de trabajo y acto seguido comencé a sentir el corazón aceleradito, cada vez más.
En realidad había sido un año complejo laboralmente hablando.
No habían buenas perspectivas de mejorar, salvo una oportunidad que se veía poco tangible.
Me explicó todo, me habló de los pros y los contras. Y me pidió decidirme pronto porque había urgencia por comenzar.
Todo fue como recibir una cubetada de agua helada en pleno invierno.
Casi inmediatamente lo platiqué con dos de mis amigas, pero para variar ya casi todos sabian de la propuesta antes que yo.
Apoyo moral no me faltó, todos (excepto X) me animaron a tomarlo sin pensar.
En realidad puede ser que me viera muy segura de tomar la opción, pero no lo estaba tanto por dentro. Creo que habían más contras que pros.
En aquel momento mi trabajo no me permitia más tener margen de acción, ganaba única y exclusivamente para sobrevivir (a medias).
Después de platicarlo con las personas que estaban más cercanas a mí, al menos físicamente. Lo platiqué con mis papás. Hacia ya unos meses que no viviamos juntos, hacia unos meses que habia decidido, pese a todo, tomar las riendas de mi vida.
Mi madre como siempre dandome su apoyo total, respetando mis decisiones y haciendo saber que lo que yo decidiera ella lo apoyaba y que si por cualquier circunstancia las cosas no salían como yo lo esperaba, que su casa era mi casa y las puertas seguian abiertas para recomenzar.
Mi papá no fue tan explícito porque le aterra la ciudad de México, es un padre sobreprotector a quien nadie le enseñó (más que la vida misma) cómo criar a sus hijos, hizo lo mejor que pudo y fue el mejor padre que pude haber tenido. Solamente que le ha costado mucho trabajo ver que sus hijos abran las alas y contenerse para no volar atrás de ellos por si se caen, para estar ahí y protegernos.
Yo sabía que él no iba a estar de acuerdo, pero que iba a tener que respetar mi decisión.
En una ocasión, unos meses atrás le había mencionado la posibilidad de trabajar en el DF e inmediatamente me hizo saber su negativa.
En esta ocasión tuvo que aceptarlo.
La decisión estaba tomada, no había vuelta de hoja, no era una posibilidad: era una realidad a la vista.