Hoy hace un mes que no estás físicamente con nosotros.
Pensar en tí es recordarte de muchas maneras.
Pensar en tí es recordarte cuando hace muchos muchos años me acurrucaba contigo en las noches lista para escuchar el mismo cuento que siempre me contabas, pero que cada vez lo hacías de una manera diferente.
Pensar en tí es recordar las horas que pasaba contigo en la oficina que compartias con mi hermano, verlos escribiendo, aprendiendo a usar la máquina de escribir para copiar en hojas revolución las cabezas y pies de fotos que escribias a mano. Tú quejandote por tanto calor y yo diciéndote que no se sentía tan fuerte.
Cuando pienso en tí pienso en las largas pláticas de sobremesa, en las muchas discusiones que tuvimos porque cada quién defendía su punto de vista. Y justo eso me lleva a pensar en el respeto y el amor.
Una discusión no era sinónimo de distanciamiento.
Nos enseñaste a tener ideas propias y defenderlas, pero no a ser intransigentes.
Nos enseñaste con el ejemplo lo que era entregarse, amar, ser humano, tener errores, reconocerlo, ser humilde, ser valiente, solidario, coherente.
Ahora que físicamente ya no estás con nosotros me he dado cuenta que fuiste amado no solamente por los que llevamos tu sangre. Con tu partida pude darme cuenta que dejaste huella en mucha gente y eso me hace sentir más orgullosa de tí.
Hay certezas que me acompañan y me hacen sentir paz.
Yo sé que estás bien, que ya no te angustia esa dificultad por llenar tus pulmones de aire.
Tuvimos tiempo de decirnos y demostrarnos el amor.
Tuviste tiempo para sembrar, tuviste tiempo de cosechar.
Hoy hace un mes que emprendiste el viaje, pero a mí me parece como si fuera mucho más.
Te extraño un mundo papito.
Te amo
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Un mes
Publicado en Personal, Recuerdos el Octubre 22, 2009 por AleRecuerdos musicales
Publicado en Arte, Música, Personal, Recuerdos, Veracruz el Mayo 10, 2009 por AleDisfruto la música desde siempre, aunque nunca aprendí a tocar ningún instrumento (quizá debería decir “no he aprendido”, mientras haya vida hay oportunidades).
Disfruto bailar aunque no sé hacerlo bien y soy un poco tiesa para ello.
Hoy mientras buscaba algo de música para acompañar mi mañana me vinieron a la mente imágenes de mi niñez.
En esa época me sabía todos los pasos de moda porque mis hermanos me los enseñaba, lo que resultó que en las fiestas fuera un atractivo para los mayores. Yo simplemente disfrutaba la música.
Los veranos y las vacaciones eran propicias para que nos reunieramos todos los primos y montabamos las coreografías de los artistas de moda.
Pero si no había coreografía qué montar o no estabamos todos reunidos, no era impedimento para que mis hermanos (todos mayores que yo) quitaran la mesa de centro de la sala y nos pusieran música para bailar.
Fuí creciendo a la vez que me fuí haciendo más reacia para bailar.
Y mientras escuchaba la música por la mañana y recordaba mi infancia y a los primos envueltos en la música y el baile, también vinieron a mi mente las imágenes de mi madre bailando con cualquier sonido que fuera rítmico, o imágenes de mi misma cargando a mis sobrinos y bailando con ellos de cachetito .
Y finalmente coroné mi recuerdo con la imagen de la escena final de El amor tiene dos caras.
Pienso que no bailan realmente, pero el encuentro amoroso de esa escena es armónico como la música misma.
¿Podremos ver más allá de lo evidente?
Publicado en Cotidianidad, Personal, Seguridad, Sociedad el Mayo 1, 2009 por AleDesde hace una semana la ciudad parece inmersa en un eterno domingo.
El encierro forzoso para todos, en mayor o menor medida ha sacado a flote muchas cosas. Unas buenas y otras no tanto.
Una velo de desconfianza nos cubre, nos atrapa.
Pero también un velo se descubre y deja al descubierto nuestros malos habitos de higiene.
Todo el que vive en la ciudad de México y viaja en metro ha padecido el infortunio de toparse con alguien que casi le estornuda en la cara, o que se tapa la boca con la mano y luego pone esa misma mano en los barandales, en los tubos de los vagones.
¿A quién no le han tosido casi en la cara?
Eso es parte de la cotidianidad, eso es parte de nuestros habitos de higiene.
A eso le deberiamos sumar que vivimos hacinados. Veinte millones de personas es demasiada gente para un espacio de tierra tan reducido.
Todos van de prisa, así es como viven sus vidas.
Se vive la mayor parte del tiempo fuera de nuestros hogares y la mayoría de la gente no sabe disfrutar ese espacio íntimo. Pero no todo es negativo, o al menos no a través de mi óptica.
A mi me gustan los cielos azules y las nubes algodonosas.
Me gusta poder ver la luna en cualquier de sus fases, cuando comienza la noche o al amanecer. Me gustan los atardeceres de cielo multicolor.
Estos días, aparte de ver tapabocas en los rostros y mucha menos gente en la calle de lo que es habitual, he podido ver el cielo que me llena el alma, el cielo que me hace brillar los ojos.
¿Por qué no también disfrutamos lo positivo que una situación extrema (que parece más fictícia que real) nos está aportando?
Me gusta…
Publicado en Personal, Recuerdos el Abril 26, 2009 por AleDespertar a la hora que mi reloj biológico indique.
Una taza de café por la mañana.
Ducharme al final de un dia ajetreado y caluroso.
La sensación refrescante del agua al pasar por mi garganta.
Tomar una cerveza o una copa de vino con mis amigos.
Las sonrisas de Emilianito.
Sus besos y sus abrazos repetidos uno tras otro, y su bendita inocencia incansable.
Llegar a la estación del metro y que al mismo tiempo llegue el tren con espacio suficiente.
Caminar siempre con un buen par de zapatos tenis puestos.
Las sonrisas inesperadas.
Poder distender un ambiente tenso.
Su mirada.
Su sonrisa.
Las historias largas de la infancia de mis padres, repetidas en cualquier charla de sobremesa.
Pueblear.
Escuchar música.
Tomar fotografías.
Escribir.
Abrazar.
Sus abrazos.
Sus besos, por supuesto.
Sus sms inesperados.
Ver crecer mis plantitas.
Las tardes-noches de pelicula con mis sobrinos comiendo palomitas hasta hartarnos.
Dar sin esperar recibir.
Dar por haber recibido.
Dormir 8 horas sin despertar.
Los abrazos de mi mamá.
Comer pasta.
Los chocolates.
Ignorancia
Publicado en Frases, Personal el Abril 25, 2009 por Ale Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Albert Einstein
… A lo mejor por eso me pudre tanto que haya gente que crea (y pregone) que todo lo sabe.
De recuerdos acuosos…
Publicado en Personal, Recuerdos, Veracruz el Abril 23, 2009 por AleNo recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez en mi vida que fui a la playa.
Sin embargo tengo recuerdos inolvidables de momentos en el mar cuando era niña y no tan niña.
En mi mente, como fotografías pasando de una mano a la otra, veo muchos momentos fijos del mar visto desde el pavimento.
O al mismo mar visto desde la arena.
Me recuerdo chapoteando en la orilla.
O sentada esperando que las olas rompieran justo donde yo tenía mis pies.
Recuerdo mi traje de baño, pero no logro distinguir si era azul o blanco.
Me recuerdo también de vuelta a casa caminando, cansada y llena de arena.
Y lo menos grato: me recuerdo con manchas de chapopote en la planta de los pies.
Por eso mi papá casi nunca nos daba permiso de ir, hasta que llegó el momento en que en definitiva los suspendió.
Recuerdo a mi madre encantada disfrutando el mar.
Recuerdo la imagen de un mar embravecido arrastrando a la orilla un barco que no pudo contra la fuerza de la naturaleza y quedó encallado en la orilla.
Me recuerdo a través de los años frente al mar, junto a el, a su lado… y muy lejos.
Recordar el mar me hace pensar (y sentir) en la calma y en la tormenta.
Quizá por eso cuando pienso en mar pienso en inmensidad, pienso en vida y pienso en muerte… pienso en todo.
Las cosas non gratas…
Publicado en Cotidianidad, Personal el Febrero 28, 2009 por AleHay “norte” en el DF y no me gusta.
Prefiero tragar tierra de la playa del Golfo de México, que tragar tierra de esta contaminada ciudad.
Además aquí se caen los árboles a la menor provocación.
Además el ambiente de por sí seco, se torna más seco.
Además… el norte sin playa no es norte.
Aprendiendo algo más que a escribir…
Publicado en Personal, Recuerdos el Febrero 21, 2009 por AleAprendí a escribir casi a la par que aprendí a usar una máquina de escribir.
Sentada casi abajo de una mesa de comedor que hizo las veces de mesa de redacción. Sobre una sillita de madera la máquina de escribir mecánica y en la otra sentada yo.
Mi tarea consistía en transcribir el texto escrito en una hoja de papel revolución cortada a la mitad.
Aprendí a usar la máquina de escribir con tres dedos de la mano izquierda y uno de la mano derecha. Hasta la fecha sigo escribiendo igual. Más de una persona se ha reído de verme escribir con velocidad con mis cuatro dedos de ambas manos.
Mi tarea también consistía en pedir una jarra de limonada con muchos hielos que los ayudaran a mitigar un poquito el calor del trópico.
Aprendí a escribir a máquina “por amor al arte”, todo por hacerle compañía a mi padre y a mi hermano.
Así, solamente por estar junto a él, porque me gustaba lo que hacía, porque me gustaba estar a su lado. Nunca sentí el calor agobiante de esa pieza de la casa. No tengo en mi recuerdo más que las imagenes de su figura y la de mi hermano uno en un extremo de la mesa y el otro en el otro extremo.
Aprendí a encuadrar las fotografías, aunque no lo hice hasta más tarde.
Aprendí que las líneas rojas del marcador de cera se quitaban con un poquito de crema untado en un pañuelo desechable, solo con el propósio de volver a marcarlas.
Aprendí que una fotografía vertical podía hacerse apaisada con aquellas líneas rojas.
Aprendí a armar los dommy’s para enviarlos en cada paquete junto con los textos, las fotografías y mi trabajo: mis hojitas con la transcripción de las cabezas y pies de fotos.
En aquel momento no me dí cuenta, pero en ese proceso no solamente aprendí a escribir a máquina, ni a armar el paquete para la impresión del semanario.
Aprendí a conocer a mi padre.
Piropos…
Publicado en Personal, Recuerdos el Febrero 14, 2009 por AleNunca me han gustado los piropos.
Siempre los he sentido, en cierto modo y salvo contadas excepciones, una invasión a mi espacio privado.
Recuerdo lo que creo fue el primer piropo que recibí. Fue cuando me encontraba en el espacio temporal entre ser niña y ser adolescente. Iba caminando por la calle, y los ocupantes de un carro al pasar me dijeron algo. No recuerdo que era pero tenía que ver con mis piernas.
Siempre que alguien me dice en la calle “mamacita”, invariablemente pienso “sí, pero no de tus hijos, pendejo”.
Nunca lo he dicho en voz alta, siempre lo he pronunciado para mí misma.
Hay piropos que a pesar de mi disgusto, tienen algo grato.
El único piropo que me ha desconcertado, de algún extraño ha sido uno que escuché de alguien hace años. Al pasar junto a esa persona me dijo: “qué bonitos ojos”.
El piropo que más me ha hecho pensar lo escuché hace días. Caminando por Reforma, de pronto ví que frente a mí venía un grupo de hombres caminando. Eran muchos, ví al grupo pero no ví a ninguno en particular. Al cruzarnos de frente, escuché muchas cosas, pero lo que se me quedó grabado fue que alguien dijo “Adios Barbie!”…
Me sentí total y absolutamente plástica.
Despedidas
Publicado en Personal el Enero 5, 2009 por AleCuando pensé escribir en este blog pensaba llenarlo con las mil y un vicisitudes que padecemos los que por las vueltas de la vida hemos tenido que venir a radicar (por primera vez o de nuevo) al DF, ya sea para rentar casa o para adaptarse a la ciudad.
Hoy tengo ganas de escribir algo que no tiene nada que ver con eso… así como mucho de lo que he escrito aquí.
Hace dìas una frase de despedida me arrugó el corazoncito y me hice la fuerte nomás para no soltar las de cocodrilo en plena central de autobuses cuando esuché “mandame pronto ese calendario para que vea cuantos días me faltan para volver a verte”. Solamente atiné a sonreir, a abrazar y a decir “la próxima semana te lo mando”. Tenia el nudo tan grande en la garganta que no salieron más palabras, se me iba a atragantar el “te quiero mucho, nos vamos a ver pronto”.
Luego, al pie de la puerta que separa a los viajantes de los despidientes vi unos ojitos llorosos, sentí qué sus brazos fuerte me abrazaron y así, con su boca muy cerquita de mi oido me dijo “te quiero mucho, me hiciste muy feliz estos días”. Pa variar se me anudó la garganta y como no quería que se me pusieran los ojos rojos ni llorosos, respondí el abrazo con la misma fuerza y respondí las palabras con un “yo también te quiero, a mi también me hizo muy feliz estar con ustedes”.
Me daba tristeza ese momento, pero le sucedieron dias de mucha alegría y muy plenos.
Hoy tocó de nuevo la despedida.
Hoy tampoco quería llorar, me aguanté las ganas desde que desperté pasando por el baño y el desayuno. Me aguanté las ganas todo el día mientras estuve en la oficina.
Pero ya es de noche, estoy en casa y la noche acompañada de la soledad lo permite todo.
Me siento triste y egoista.
Triste porque no sé manejar la separación física de la gente que amo y egoista por sentirme tan triste por mis dramas personales que no son nada comparado con el sufrimiento de otros.