Apenas tengo unos días de haber retornado y ya voy de regreso.
Retornar a las comidas que casi se juntan con las cenas, a los cafés con leche, al bullicio interminable es gratísimo.
Retornar al verano en pleno invierno, al mar, al calorcito de la familia es magnífico.
Pero retornar a la imagen del ejército rondando las calles de la ciudad (lo cuál a decir verdad no es una imagen del todo anormal según el registro de mi memoria), no es igual de maravilloso.
Por esas cosas y mucho más, Veracruz se respira inseguro… no me cabe duda.