No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez en mi vida que fui a la playa.
Sin embargo tengo recuerdos inolvidables de momentos en el mar cuando era niña y no tan niña.
En mi mente, como fotografías pasando de una mano a la otra, veo muchos momentos fijos del mar visto desde el pavimento.
O al mismo mar visto desde la arena.
Me recuerdo chapoteando en la orilla.
O sentada esperando que las olas rompieran justo donde yo tenía mis pies.
Recuerdo mi traje de baño, pero no logro distinguir si era azul o blanco.
Me recuerdo también de vuelta a casa caminando, cansada y llena de arena.
Y lo menos grato: me recuerdo con manchas de chapopote en la planta de los pies.
Por eso mi papá casi nunca nos daba permiso de ir, hasta que llegó el momento en que en definitiva los suspendió.
Recuerdo a mi madre encantada disfrutando el mar.
Recuerdo la imagen de un mar embravecido arrastrando a la orilla un barco que no pudo contra la fuerza de la naturaleza y quedó encallado en la orilla.
Me recuerdo a través de los años frente al mar, junto a el, a su lado… y muy lejos.
Recordar el mar me hace pensar (y sentir) en la calma y en la tormenta.
Quizá por eso cuando pienso en mar pienso en inmensidad, pienso en vida y pienso en muerte… pienso en todo.
De recuerdos acuosos…
Publicado en Personal, Recuerdos, Veracruz el Abril 23, 2009 por AleLas cosas non gratas…
Publicado en Cotidianidad, Personal el Febrero 28, 2009 por AleHay “norte” en el DF y no me gusta.
Prefiero tragar tierra de la playa del Golfo de México, que tragar tierra de esta contaminada ciudad.
Además aquí se caen los árboles a la menor provocación.
Además el ambiente de por sí seco, se torna más seco.
Además… el norte sin playa no es norte.
Aprendiendo algo más que a escribir…
Publicado en Personal, Recuerdos el Febrero 21, 2009 por AleAprendí a escribir casi a la par que aprendí a usar una máquina de escribir.
Sentada casi abajo de una mesa de comedor que hizo las veces de mesa de redacción. Sobre una sillita de madera la máquina de escribir mecánica y en la otra sentada yo.
Mi tarea consistía en transcribir el texto escrito en una hoja de papel revolución cortada a la mitad.
Aprendí a usar la máquina de escribir con tres dedos de la mano izquierda y uno de la mano derecha. Hasta la fecha sigo escribiendo igual. Más de una persona se ha reído de verme escribir con velocidad con mis cuatro dedos de ambas manos.
Mi tarea también consistía en pedir una jarra de limonada con muchos hielos que los ayudaran a mitigar un poquito el calor del trópico.
Aprendí a escribir a máquina “por amor al arte”, todo por hacerle compañía a mi padre y a mi hermano.
Así, solamente por estar junto a él, porque me gustaba lo que hacía, porque me gustaba estar a su lado. Nunca sentí el calor agobiante de esa pieza de la casa. No tengo en mi recuerdo más que las imagenes de su figura y la de mi hermano uno en un extremo de la mesa y el otro en el otro extremo.
Aprendí a encuadrar las fotografías, aunque no lo hice hasta más tarde.
Aprendí que las líneas rojas del marcador de cera se quitaban con un poquito de crema untado en un pañuelo desechable, solo con el propósio de volver a marcarlas.
Aprendí que una fotografía vertical podía hacerse apaisada con aquellas líneas rojas.
Aprendí a armar los dommy’s para enviarlos en cada paquete junto con los textos, las fotografías y mi trabajo: mis hojitas con la transcripción de las cabezas y pies de fotos.
En aquel momento no me dí cuenta, pero en ese proceso no solamente aprendí a escribir a máquina, ni a armar el paquete para la impresión del semanario.
Aprendí a conocer a mi padre.
Piropos…
Publicado en Personal, Recuerdos el Febrero 14, 2009 por AleNunca me han gustado los piropos.
Siempre los he sentido, en cierto modo y salvo contadas excepciones, una invasión a mi espacio privado.
Recuerdo lo que creo fue el primer piropo que recibí. Fue cuando me encontraba en el espacio temporal entre ser niña y ser adolescente. Iba caminando por la calle, y los ocupantes de un carro al pasar me dijeron algo. No recuerdo que era pero tenía que ver con mis piernas.
Siempre que alguien me dice en la calle “mamacita”, invariablemente pienso “sí, pero no de tus hijos, pendejo”.
Nunca lo he dicho en voz alta, siempre lo he pronunciado para mí misma.
Hay piropos que a pesar de mi disgusto, tienen algo grato.
El único piropo que me ha desconcertado, de algún extraño ha sido uno que escuché de alguien hace años. Al pasar junto a esa persona me dijo: “qué bonitos ojos”.
El piropo que más me ha hecho pensar lo escuché hace días. Caminando por Reforma, de pronto ví que frente a mí venía un grupo de hombres caminando. Eran muchos, ví al grupo pero no ví a ninguno en particular. Al cruzarnos de frente, escuché muchas cosas, pero lo que se me quedó grabado fue que alguien dijo “Adios Barbie!”…
Me sentí total y absolutamente plástica.
Despedidas
Publicado en Personal el Enero 5, 2009 por AleCuando pensé escribir en este blog pensaba llenarlo con las mil y un vicisitudes que padecemos los que por las vueltas de la vida hemos tenido que venir a radicar (por primera vez o de nuevo) al DF, ya sea para rentar casa o para adaptarse a la ciudad.
Hoy tengo ganas de escribir algo que no tiene nada que ver con eso… así como mucho de lo que he escrito aquí.
Hace dìas una frase de despedida me arrugó el corazoncito y me hice la fuerte nomás para no soltar las de cocodrilo en plena central de autobuses cuando esuché “mandame pronto ese calendario para que vea cuantos días me faltan para volver a verte”. Solamente atiné a sonreir, a abrazar y a decir “la próxima semana te lo mando”. Tenia el nudo tan grande en la garganta que no salieron más palabras, se me iba a atragantar el “te quiero mucho, nos vamos a ver pronto”.
Luego, al pie de la puerta que separa a los viajantes de los despidientes vi unos ojitos llorosos, sentí qué sus brazos fuerte me abrazaron y así, con su boca muy cerquita de mi oido me dijo “te quiero mucho, me hiciste muy feliz estos días”. Pa variar se me anudó la garganta y como no quería que se me pusieran los ojos rojos ni llorosos, respondí el abrazo con la misma fuerza y respondí las palabras con un “yo también te quiero, a mi también me hizo muy feliz estar con ustedes”.
Me daba tristeza ese momento, pero le sucedieron dias de mucha alegría y muy plenos.
Hoy tocó de nuevo la despedida.
Hoy tampoco quería llorar, me aguanté las ganas desde que desperté pasando por el baño y el desayuno. Me aguanté las ganas todo el día mientras estuve en la oficina.
Pero ya es de noche, estoy en casa y la noche acompañada de la soledad lo permite todo.
Me siento triste y egoista.
Triste porque no sé manejar la separación física de la gente que amo y egoista por sentirme tan triste por mis dramas personales que no son nada comparado con el sufrimiento de otros.
El retorno
Publicado en Personal, Seguridad, Sociedad, Veracruz, Viajes el Diciembre 31, 2008 por AleApenas tengo unos días de haber retornado y ya voy de regreso.
Retornar a las comidas que casi se juntan con las cenas, a los cafés con leche, al bullicio interminable es gratísimo.
Retornar al verano en pleno invierno, al mar, al calorcito de la familia es magnífico.
Pero retornar a la imagen del ejército rondando las calles de la ciudad (lo cuál a decir verdad no es una imagen del todo anormal según el registro de mi memoria), no es igual de maravilloso.
Por esas cosas y mucho más, Veracruz se respira inseguro… no me cabe duda.
The Beatles
Publicado en Música, Personal, Recuerdos el Diciembre 3, 2008 por AleThe Beatles me conecta con mi pasado, con mi gente, con la parte adulta que viví como niña.
The Beatles me hacen pensar en discos de acetato, en las compras de las agujitas del tornamesas en una tienda de discos que estaba cerca de la iglesia y que ahora ya no existe; o me hace recordar esa especie de borrador que tenían mis hermanos para limpiar los discos.
Pero The Beatles también me hace pensar en Bread, o en Patrick Hernández con su born to be alive. O en lo que realmente pienso de esos dos últimos es en sus LP’s, lo que definitivamente me hace pensar que estoy superlativamente retro en los últimos días.
Lo que sí es innegable es que The Beatles me hace sentir como el comercial de la sopita… casí casí como cuando tenía 6 años.
Cartas
Publicado en Personal el Noviembre 21, 2008 por AleCrecí viendo escribir cartas o recibiéndolas. Durante años fue el único medio para mantener unidas dos familias que vivían separadas por miles de kilómetros.
La primera carta que recibí fue después de que nos fuimos a vivir a Coatzacoalcos, esa carta me la escribió una vecina que vivía en el mismo edificio donde nosotros vivíamos.
Cuando nos mudamos de ciudad yo tenía escasos 5 años y ella era 2 o 3 años más grande que yo.
Recibí la carta quizá un año después de nuestra mudanza. Me dio un enorme gusto leerla, saber que me recordaba y le respondí esa carta. Después de ese primer intercambio se sucedieron una serie de envíos hasta que no hubo más, hoy no recuerdo quién fue la última que escribió una carta ni mucho menos.
Cuando cumplía años algunas veces una de mis hermanas, que vivía en otra ciudad, me enviaba telegramas para felicitarme. Lo podía hacer por teléfono, pero poner el telegrama era un detalle que a ella le gustaba tener con sus hermanos.
También tuve oportunidad de usar los giros telegráficos. Recién me fui a estudiar a la universidad, el único medio que había para que me llegara el dinero de mi manutención era Telégrafos Nacionales.
Después las opciones crecieron y no lo usé más.
Ahora vuelvo a tener contacto con Telecomm por mi trabajo, pero no uso sus servicios.
Memo en un mensaje preguntaba si se podían entablar relaciones utilizando el servicio postal mexicano como se utiliza el e-correo. Y la respuesta es una: si se puede.
Hace más de 50 años una de las hermanas de mi madre conoció a un muchacho español , por correspondencia. Las historias de gente que primero se conocía escribiéndose y luego en persona, no son historias nuevas, ni datan del siglo pasado (Víctor sabrá mucho más que yo del tema).
Recibir una carta en sobre, con sello y timbre postal es toda una experiencia que cada vez se vive menos. Recibir un correo (por el medio que sea) deja un sabor de boca inigualable, pero creo que el recibirlo en sobre, abrirlo y desdoblar las hojas… sabe delicioso!
En lo personal creo que sabe a un esfuerzo mayor que el que implica abrir una pc o laptop y entrar a la página del correo electrónico.
Sabe a tiempo y dedicación.
Pasado y presente
Publicado en Personal, Veracruz el Noviembre 16, 2008 por Ale
Crecí mirando al mar, muchos de mis recuerdos infantiles están relacionados con la arena del mar en los pies, la sal en la piel, la brisa refrescante, corretear las olas que rompen en la orilla y cosas por el estilo.
Crecí mirando el mar y temiéndolo, porque le temía a todo. Miedosa y sobreprotegida crecí. Le temía a los perros, a los gatos, a caminar sola por las calles, a las cuijas, a las cucarachas, a que no llegaran por mí a la escuela (confieso que este temor no es infundado)
Me veo a la distancia del tiempo y del lugar y extraño sentir al mar entrando por mis ojos, inundando mi interior. Extraño aquellas mañanas en que se observaba en total quietud, azul profundo, premonitorio de un día intensamente caluroso. Extraño el murmullo de las olas rompiendo en la orilla.
Me veo a la distancia del tiempo y del lugar y extraño el calor de la gente, el no temer ir caminando por las calles. A lo único que se le podía temer era al sol recalcitrante que hacía que programaramos nuestras salidas para cuando ya no se sintiera tan intenso ¡benditos los días en que se podía hacer eso!
Me veo a la distancia y me recuerdo niña, parada afuera de una tienda llorando porque me había separado de mi madre, estaba perdida. Y pienso que si hoy fuera niña y me hubiera parado afuera de la tienda y se hubiera acercado a mi alguna chica, como en aquel momento se acerco aquella, quizá no me hubiera llevado a casa, como ese día… hace casi 30 años.